viernes, 10 de enero de 2014

Dies irae

Capitulum Secundum

                                                     "Dies irae"


Jonathan no podía creer lo que acababa de escuchar por parte del decano de su facultad. Su amiga, Elizabeth, vio que Jonathan estaba disconforme y a la vez preocupado. Acercándose a él, le dijo:

- ¿estás bien?
- bene me habeo - respondió Jonathan.
- ¡Por favor! Ya terminó la clase de latín, además, solo quería saber si en algo podía ayudarte amigo, no me gusta verte así - dijo ella.
- ¡No es justo amiga Elizabeth que precisamente ahora nos hagan esto! Si tan solo pudiera hacer algo.
- ¿Por qué no intentas ir tras el decano, y le hablas en su oficina?
- Tengo una idea mejor, pero antes dime ¿en verdad quieres ayudarme?
- Sí tontin, ahora dime ¿a quién hay que matar?
- ¡Ven conmigo!

Jonathan tomó la mano de Elizabeth, quien se ruborizó un poco por sentir la mano de Jonathan con la suya por primera vez.

Elizabeth Reyes, una mujer joven de 23 años de edad, 1.62 cm., delgada pero con buena figura, de cabello largo, ojos grandes con anteojos, quien con apariencia de niña, era una de las alumnas más jóvenes que cursaba la carrera de filología clásica. Una chica muy inteligente para su corta edad y muy empeñosa para el estudio de las lenguas clásicas. En su hogar, las cosas no iban muy bien para ella, sus padres se separaron cuando ella apenas tenía ocho años, lo cual hizo que tuviera una adolescencia rebelde. Pese a escaparse de su casa a sus diecisiete y experimentar una "vida mundana" por lapso de un año, viviendo en casa de una amiga, nunca llegó a tener relaciones sexuales con dos enamorados que tuvo. Hasta que llegó un momento en que comenzó a reflexionar sobre su vida y las cosas que hacía, y fue cuando decidió regresar a su casa para vivir con su madre. Poco tiempo después, decidió estudiar filosofía, pero cuando postuló a la Universidad Nacional San Francisco de Asis, cambió de parecer y optó por hacerlo a la carrera de filología clásica, ingresando a la primera y con uno de los más altos puntajes. Bastó el primer año de estudios generales, para conocer a Jonathan Abanto, de quien comenzó a sentirse atraída por su inteligencia y por su gran desenvolvimiento e interés por el estudio de las lenguas clásicas y las antiguas culturas greco-romanas. Aparte de eso, hubo un día en que Elizabeth olvidó su libro de La religión griega en la polis de la época clásica, texto clave para el curso de "Religión y mitología greco-romana" de L. Bruit Zaidman - P. Schmitt Pantel, donde la profesora que tuvieron, era muy exigente y no dejaba entrar al alumno o alumna, que no llevara consigo su material de estudio, a lo que Jonathan -un día- vio que ella no podía entrar, porque había olvidado su libro y precisamente ese día, hubo una práctica en la que Elizabeth tenía que aprobar sí o sí, porque necesitaba la nota. Él, acercándose a ella, le prestó su libro. Ella lo miró y le dijo "pero si me lo prestas, tú no podrás entrar", pero Jonathan con una leve sonrisa le dijo "No te preocupes, no es por ufanarme, pero yo estoy bien en ese curso, además, tú necesitas la nota, tómalo, y recuerda todo lo que estudiamos" y guiñándole el ojo, le dejó su libro, y partió a la biblioteca. Elizabeth, jamás olvidaría ese día, pues no solo aprobó la práctica, sino que tan amable gesto por parte del chico, hizo que empezara a gustarle más.

De vuelta a la realidad, Elizabeth, quién tomada de la mano de Jonathan, se dirigían para la oficina del decano, pero al pasar por la sala de profesores, se percataron que la puerta estaba un poco abierta y acercándose sigilosamente, vieron que el profesor De la Puente estaba sentado ahí, con un libro de Lucio Apuleyo, el escritor romano más importante del siglo II. El libro que estaba leyendo el profesor De la Puente era nada menos y nada más, que el Asinus Aureus, "El Asno de Oro", cuyo nombre original fue "La metamorfósis", obra que según Agustín de Hipona, fue la única novela en latín completa, que se ha podido encontrar. Elizabeth, mrando a Jonathan, le dijo:

- ¿Esa no es la obra de Apuleyo? ...el título de la tapa dice "El Asno de Oro" ¿cierto?
- Claro, es el texto, pero recuerda que Apuleyo, no fue el autor original de la obra.
- ¿Cómo así? ¿Acaso la profesora de nuestro curso "Antiguos textos romanos I" no nos dijo que Apuleyo escribió esa novela de género pícaro? - preguntó Elizabeth.
- Claro, claro, pero aunque esa obra fue escrita en el siglo II a.C., investigué un día en la biblioteca y encontré un texto en inglés, en el cual decía que esta novela, era una adaptación de un original griego, cuyo autor 'posiblemente' fue Lucio de Pratae, además, el texto en griego se extravió, pero se halló un escrito titulado Λούκιος ἢ ὄνος que quiere decir "Lucio o el asno" y quizá sea una abreviación o epítome del texto de Lucio de Pratae, que de manera errónea en la antiguedad se le atribuyó a Luciano de Samosata, contemporáneo de Apuleyo - explicó Jonathan.
- ¡Wow! No dejas de sorprenderme Jonathan, pero dime ¿en qué texto encontraste esa información?
- En el texto de .....

Y cuando estaba por decirle el nombre del autor, escucharon unos pasos en el corredor, y rápidamente, sin pensarlo dos veces, abrieron la puerta del salón que estaba al lado de la sala de profesores y entraron en el. Por las persianas, y con mucho cuidado, lograron divisar que aquellos pasos eran del decano, quien se aproximaba a la sala de profesores. Definitivamente, algo estaba por ocurrir.


El decano abrió la puerta y entró a la sala de profesores. Saludó al profesor De la Puente, quien se puso de pie para saludarlo y mirándolo fijamente, el decano, quien se sentó, invitó al profesor a tomar asiento, pero el profesor De la Puente, quien estaba muy serio le dijo:

- ¡Dejémonos de hipocresías!
- ¿Disculpe profesor? ...Pero ¿se está dirigiendo a mí? - preguntó el decano.
- ¡A quién más! ¿Ve a otro?
- Le reitero que esta universidad tiene como uno de sus máximos lemas, el respeto por el otro, y eso no solo compete a los alumnos, sino también a los docentes y a todos.
- Erga omnes.
- ¿cómo dice?
- ¿No sabe latín?
- No... mmm bueno, solo lo básico.
- ¿Vaya? ¡Ahora sí que estoy sorprendido! Usted es decano de esta facultad, y principal responsable de la E.F.C. (Escuela de Filología Clásica) ¿y no sabe latín? ¡¡POR ZEUS!!
- Dije que solo sé lo básico, pero le recuerdo que aquí, usted no puede alzar la voz, no está en su hogar, además, como bien sabe, esos latinismos ya no se enseñarán más, porque se quitarán del plan de estudios, los cursos de latín y griego.
- Ya lo sé, estoy al tanto de eso, pero lo que no entiendo es ¿cómo es posible que eliminen estos cursos? ¿acaso no saben que el estudio del latín y el griego clásico, son los pilares de la carrera de Filología Clásica? Es como que se le ampute a un hombre las piernas y se le arranquen los ojos ¿con qué caminará? ¿con qué verá?
- Las órdenes de eliminar estas materias no son mías, son a nivel mundial.
- ¿Qué dice?
- Lo que escuchó, profesor. Estas órdenes de eliminar del plan curricular a partir del siguiente año, provienen de la ANR.
- ¡Vniversitas delenda est!
- ¿Cómo dijo?
- Que la universidad ha de ser destruida.
- Por favor, conmigo hable en castellano para poder entendernos.
- ¡No! Magister iratus est. No es posible que quieran hacernos esto, debe haber alguna solución, además, si quitan el latín y el griego ¿qué les enseñarán a los estudiantes?
- Se les enseñará lenguas modernas, alemán, francés, italiano, chino mandarín, recuerda que ahora estamos viviendo en una sociedad multicultural.
- ¡Oh claro! ¡Ecce homo! He ahí el hombre y su "enfoque moderno" ¡Jah! Recuerdo que hace un par de años, en mis épocas de alumno, el interés se centraba en aprender inglés y el ruso, pero luego vino la perestroika y el ruso "pasó de moda".
- Bueno profesor, esa es su posición, no la mía. Además, yo solo cumplo órdenes de mis superiores, si usted desea saber el quid del asunto, vaya y hable con el rector.
- Precisamente eso es lo que haré, con su permiso.

Y cuando estaba a punto de salir el profesor De la Puente, muy airado, el decano miró sobre la mesa, el libro "El asno de Oro" y le dijo:

- Profesor ¿no se le olvida su libro acerca del burro dorado?
- ¿Sabe qué? ¡Quédeselo! Quizá a usted le haga falta leerlo - respondió el profesor De la Puente.
- ¿A mi por qué?
- Para que aprenda, que esas orejas largas, sirven para escuchar cosas óptimas, no estupideces.
- ¡Oiga usted profesor, me está faltando el respeto!
- Ja ja ja ja ja.
- ¿Por qué se ríe?
- Como dijo un joven filósofo que recientemente leí por ahí "Cuando el burro rebuzna, el sabio ríe". ¡Vale! Bona tibi dies.

Y diciendo esto, el profesor De la Puente, con mucha ira, salió de la sala de profesores para dirigirse donde el rector. Jonathan y Elizabeth, quienes desde el salón del costado habían escuchado todo, quedaron atónitos, pero se sintieron orgullosos, al saber que su profesor De la Puente, estaba defendiéndolos.

Rápidamente decidieron salir de ahí, para ir a la oficina del rector y apoyar a su profesor.

 


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