miércoles, 1 de enero de 2014

Alea iacta est

Capitulum Primum

                                                     "Alea iacta est"


Jonathan Abanto se encontraba en la universidad repasando su curso de literatura latina de época republicana y augústea. Como sea, tenía que pasar ese examen final, los demás cursos ya los había aprobado, pero necesitaba repasar un poco más las Georgicas de Virgilio, el Ars Poetica de Horacio y el poema dieciséis de Catulo, porque cualquiera de esos versos, podía venir en el examen y su profesor, el Mg. Roberto de la Puente, un solitario filólogo intelectual, con el bigote parecido a Nietzsche, que a sus 47 años, ya era un experto en lengua latina, no iba a tener piedad con él, porque en el parcial, no había podido traducir correctamente, algunos párrafos de la Metamorfósis de Ovidio y lo había jalado. Pese a sacar un dieciséis en una práctica y un 15 en un trabajo que tradujo un pequeño extracto de la fábula palliata de Plauto, Jonathan estaba muy preocupado.

Llegó la hora del examen y el profesor ingresó al aula 301, diciendo: "Salvete" y luego, mirando la cara de preocupación de sus alumnos, dijo en voz alta "¡Quod valedicum vestrum animus!" (Despídanse de vuestras almas). Jonathan empezó a sentir que le bajaba un poco la presión, pues aunque había estudiado toda una semana sin poder dormir, ni entrar a la internet, sentía que le faltaba aprender algunas cosas más. ¿Quizá no repasó bien a Terencio, o a Livio Andrónico? Sabía que algo le faltaba, pero cogió su portaminas pilot H - 165 0.5 Made in Japan, guardó su cuaderno y sus libros, solo dejó el diccionario, ya que este era el único material permitido sobre la carpeta. El día "D" había llegado, y cuando el profesor le entregó su examen, Jonathan solo atinó a decir en voz baja "Alea iacta est" y comenzó a llenar sus datos.

Jonathan Abanto, un joven de 27 años, se encontraba cursando el cuarto año de la carrera de Filología Clásica en la prestigiosa Universidad Nacional San Francisco de Asis (UNSFA). Anteriormente, a la edad de 21 años, había ingresado a la carrera de Teología en la Universidad Privada Benedicto Spinoza (UPBS), y aunque al principio le iba bien, dejó los estudios al tercer año, por problemas económicos y personales, aunque llevó y culminó con éxito un diplomado de lengua hebrea y de lengua griega (koiné), sacando la más alta calificación en ambos cursos. Desde una edad muy temprana, siempre le inquietó el estudio de las lenguas clásicas, razón por la cual, luego de dejar la carrera de Teología, no lo pensó dos veces y postuló a Filología Clásica, ingresando a la primera. Una vez que empezó sus clases en la UNSFA, rápidamente se enamoró de la currícula de estudios, debido a que los cursos que iba a llevar, estaban relacionados ampliamente con el mundo clásico occidental.

De vuelta al examen, el profesor De la Puente, ya estaba mirando su reloj y de reojo a sus alumnos, pues ya quería recoger los exámenes e irse, porque tenía una cita con una jovencita muy cariñosa. Jonathan respondió todo lo que pudo en su examen, al parecer, las Georgicas de Virgilio estaban sencillas, junto con el análisis sobre historiografía latina (Catón) y una interpretación del De Natura Deorum de Cicerón, no le había quedado nada mal. Al final de la hoja del examen, había una pregunta que decía "Coloque usted, la frase en latín, que más recuerde durante todo este año". Sin pensarlo dos veces, Jonathan se recordó de un viejo amigo, el cual no veía hace buen tiempo y escribió: "Caecilius est in horto".

Entregó el examen y sus compañeros también lo hicieron, pero el profesor De la Puente, con los exámenes en mano, miró a sus alumnos, rompió los exámenes y les dijo: "Consummatum est". Luego de esto, tomó su maletín y se marchó, cerrando la puerta de manera tosca. Todos se miraron las caras y se preguntaban "¿Qué ha pasado?", "el profesor se ha vuelto loco", por ahí uno dijo "¡Hey! La palabra "loco" se dice en latín "Oratus" jeje", pero Jonathan girando la cabeza le dijo "No. La palabra que tú has dicho significa "ruego", loco se dice "insanus" y es nominativo singular", a lo que su amiga Elizabeth, le dijo "Tranquilo Jona, ya acabó el examen, pero mi pregunta es ¿Qué le pasa al profesor? ¿Por qué rompió los exámenes y se fue?"

Por más que no entendieron la actitud del profesor, Jonathan decidió salir para averiguar ¿qué era lo que pasaba? Pero ni bien se puso en pie, mientras sus demás compañeros hacían un poco de alboroto, entró al salón el decano de la facultad y mirando a los futuros filólogos, les dijo: "Este será el último año que llevarán latín y griego. A partir del otro año, el plan de estudios cambiará, ustedes lo podrán ver en sus sílabos, pero ya no se enseñará más latín, ni griego, porque son LENGUAS MUERTAS. Así que vayan pensando en cambiarse de carrera, la universidad les dará opciones y no saldrán perjudicados. Es todo".

Asombrados por las palabras del decano, todos se dieron cuenta, que el futuro de su carrera estaba en peligro de extinción. Sin lenguas clásicas, los jóvenes estudiantes de filología clásica, no tendrían futuro. Jonathan quedó muy sorprendido por lo que acababa de escuchar.


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