lunes, 24 de febrero de 2014

Carpe diem

Capitulum Quintum

                                                     "Carpe diem"


- ¡Mi viejo amigo!
- ¡Habla man! A los años ¿no? - se estrecharon la mano y se dieron un abrazo.
- Si pues, quién iba a pensar que te vería después de varios meses, pero toma asiento por favor - Jonathan se sentó en el mueble.
- La última vez que te escribí al correo, no me respondiste - dijo Jonathan.
- Si amigo, lo sé, pero estuve en mil cosas, además, sería mejor que me agregues a tu facebook, de ese modo podríamos estar más comunicados.
- La verdad man, no entro mucho, porque me distrae con mis estudios, incluso estoy pensando en no tener facebook, o cerrarlo por un buen tiempo, ya sabes, no deja leer, distrae mucho, a veces uno entra y la gente te empieza a hablar y al final, uno ya no hace nada y solo le queda decir a uno "Amici, diem perdidi".
- Jajajaja, sí, te entiendo, lo mismo me pasa algunas veces, pero en mi caso, sí tengo que entrar al facebook, por dos motivos.
- ¿Cuáles?
- Hay personas que conozco de otros países, y de acá mismo también, con las cuales compartimos información filosófica, literaria, filológica, jurídica y nos pasamos artículos en pdf o a veces nos damos enlaces donde hay buenos libros para descargar, pero como bien sabes, los mejores libros están en inglés.
- Entiendo, pero ese es el primer motivo y ¿el otro?
- Jejeje, las chicas pues amigo, tengo muy bellas amigas e inteligentes, con las cuales hemos entablado buenas relaciones amicales.
- ¿Solo "amicales"?
- Jejejeje, bueno, no voy a negar que me gusta una de ellas, precisamente es Fiorella, con la que estoy saliendo, la que te abrió la puerta ¿qué tal, linda no? jejeje.
- Sí, eso sí, muy linda la chica, pero su cara me parece conocida, siento que la he visto antes...pero no recuerdo donde.
- Jejeje, picarón amigo ¿no me digas que ya le echaste el ojo antes?
- No, nada, si recién la vi hoy...aunque...mmmm...¡HÉUREKA!
- ¿Héureka?
- Ya recordé donde la vi.
- Ubi?
- En la universidad, ella es de la facultad de lingüística, su apellido es Robles ¿cierto? Fiorella Robles.
- ¡Bingo! Si el gran Arquímedes estaría aquí, te diría que has empleado bien su interjección.
- Pero ¿cómo la conoces?
- Amigo, es una larga historia, pero solo te diré que la pasamos de maravilla jejeje.
- ¡Vaya! Tú si que no pierdes el tiempo, pero ¿cuánto tiempo llevas con ella?
- Nos vamos para los tres meses, pero calma amigo, es una relación abierta, "apertus mens", donde ella sabe como son las cosas y nadie sale dañado.
- Con razón tienes esta inscripción aquí, la de "homo libertinus".
- Bueno, eso es algo que ella me obsequió luego de cumplir el primer mes, de esta situación, y se lo acepté, porque considero que va acorde con mi persona. Amigo ¡He aquí un hombre libertino!
- Pero ¿sabes lo que realmente significa el término "libertino"?
- Ah bueno, me había olvidado que estaba ante el atlas humano de la filología, pero para no quedar mal contigo, te diré que "Libertino", encierra tres significados. 1. Un ser depravado, lo cual no soy. 2. Un gran hedonista dedicado y entregado a los placeres corporales, lo cual va conmigo, en parte. 3. Un filósofo escéptico o pirrónico del siglo XVII - XVIII, como el gran Cyrano de Bergerac, quien fue considerado un libertino por su actitud irrespetuosa ante las instituciones religiosas y seculares del medio donde vivía.
- Claro, lo que has dicho está bien sobre el término "libertino", pero también tiene otras connotaciones, no debes olvidar que proviene del latín "libertinus" (liberado) y posteriormente del francés. Pero a lo que iba, es que a los libertinos in strictu, se les conoce porque son personas que llevan un tipo de conducta desenfrenada, entregándose a los placeres de la carne, como bien has dicho, sin someterse a ninguna moral imperante, mucho menos a alguna religión. Además, un hombre libertino es aquel que derrocha su dinero, gasta su fortuna en mujeres, tragos y diversiones banales, muchas veces llega a endeudarse como consecuencia de su prodigalidad, y como no cree en dios, ni en milagros, no tiene fe en nada, es considerado, algunas veces, como nihilista. Efrén ¿tú eres así?
- Bueno, bueno, primero aclaremos algunos puntos. Primero, debo reconocer que has descrito mejor la figura del libertino, pero yo me iba más al aspecto de los placeres y al aspecto filosófico. Tú me conoces hace años, desde niños, y sabes bien que por más que fui expulsado de la iglesia, nunca he tenido borracheras, con lo cual, no gasto en tragos; tampoco me endeudo y menos gasto mi dinero en cosas banales. Como bien puedes ver aquí, en mi pequeña morada, solo gasto mi dinero en libros. Así que no me confundas con un Marques de Sade, Cagliostro, Lord Byron, Charles Sackville o un John Wilkes, mi estimado amigo.
- Pero como dijiste "al GRAN Cyrano de Bergerac", yo pensé que eras un tipo así, aunque espera, dijiste que hace tres meses estás con Fiorella, pero ahora que recuerdo, la última vez que me escribiste, me contaste de una tal Jimena, con la cual te ibas de paseo cada fin de semana y hacían el amor como endemoniados ¿cierto? Entonces, debo asumir, que sí gastas tu dinero ¿con mujeres? No me digas que eres como un Don Juan.
- ¡Hey! ¡Amigo mío! Por favor, no soy de los tipos que se meten con las chicas, las deja embarazadas y luego las deja, ese es un "Don Juan" o no me digas que ¿no sabes la historia?
- Mmm bueno, sí, tienes razón, no eres un Don Juan, me equivoqué, disculpa.
- No te preocupes amigo, pero para concluir con este tema, solo te diré, que no estoy con mil chicas, solo con una, con Fiorella, quien en realidad, de cariño, me dice "libertino". Y aparte de eso, soy de los tipos que disfrutan del día ¿lo recuerdas? "Carpe diem".
- Jejeje, si, lo recuerdo, a disfrutar del día ¿no?
- Ita est.
- Por cierto ¿cómo está tu padre?
- Ahí, como siempre, dedicado a su vida de litigante, llevando sus casos.
- Ya veo, dale mis saludos, cuando lo veas.
- Claro que sí amigo, pero creo que ya hemos hablado mucho de mí, más bien, cuéntame de ti ¿alguna filóloga te tiene loco? jejeje o ¿alguna otra chica de aquel gran océano de letras de tu facultad? ¡Cuéntame!
- Jajajaja, no te voy a negar que hay chicas lindas, como en toda facultad, pero por ahora estoy solo, ya sabes, me dedico a las cosas de la iglesia y a mis estudios.
- Bien pues amigo, pero una buena compañera nunca cae nada mal, y en este mundo donde hay muchas chicas lindas, por ahí, habrá una para ti, ya lo verás.
- Jejeje, si, claro.

En eso, Jonathan al ver el cuadro de Nietzsche en el estudio de Efrén, recordó el porqué estaba ahí, y dijo:

- Efrén, por cierto amigo, vine a tu casa para saber si podrías ayudarme con algo.
- Claro amigo, desde luego, dime ¿de qué se trata?
- El tema es algo delicado, pero te contaré parte de la historia, para que sepas a lo que voy.
- Soy todo oídos.

Jonathan comenzó a contarle a Efrén, el problema que estaba atravesando su facultad, sobre todo su carrera de Filología, la amenaza de quitar el curso de latín y griego para siempre del plan curricular, con lo cual, acabarían por retirar la carrera de filología clásica. Luego, le contó la pequeña historia del rector de su facultad, con la del profesor Cecilio y el libro de Grumius. Efrén quedaba fascinado por las cosas que Jonathan le contaba y prestaba mucha atención a cada palabra que decía.

Una vez que Jonathan terminó de contarle a Efrén, toda la historia, le preguntó:

- Entonces Efrén ¿me ayudas a traducir ese libro?
- Desde luego amigo, no se diga más, si gustas, ahora mismo empezamos, dime ¿lo tienes en la mochila?
- No.
- ¿Qué? ¿entonces qué vamos a traducir?
- Me olvidé decirte, que en estos momentos, el profesor De la Puente, debe estar en casa del profesor Cecilio hablando con el mayor domo para que le de el libro.
- Ojalá que le de ese libro, veo que haríamos historia Jonathan, seríamos los primeros en traducir, junto con tu profesor, esa obra ¡Esto es genial!
- Jejeje, si pues, lo sé, mmm, por cierto, dame el número de tu celular, porque se me para olvidando jejeje.
- Anótalo amigo, aquí está.
- Bien, ahora todo depende del profesor De la Puente, mañana me tendrá noticias de cómo le fue hoy, ojalá que bien - dijo Jonathan, mientras veía que ya eran casi las 8 pm y tenía que retirarse.

Habló con Efrén un par de cosas más, mientras iban al paradero. Efrén le dijo que está dispuesto a ayudar con la traducción de ese libro de Grumius, "Paradisus Phictitium".

Ahora solo quedaba esperar. Ya mañana, Jonathan iba a saber, como le fue al profesor De la Puente.


     
  

lunes, 17 de febrero de 2014

Homo Libertinus

Capitulum Quartum

                                                     "Homo Libertinus"


- ¿Un minuto?
- Si, no le quitaré mucho tiempo.
- Ah, tú eres Abanto, mira jovencito, ahora estoy a punto de ver un asunto muy urgente, no tengo tiempo para discutir contigo sobre la eliminación de los cursos de latín y griego.
- No, no estoy aquí por eso, verá, escuché la conversación que usted tuvo con el señor rector, y en verdad, he quedado muy sorprendido por todo lo que le contó. Sé que hice mal, al escuchar una conversación privada, pero necesitaba saber qué pasaría con nuestra facultad y sobre todo con la carrera de Filología Clásica.
- ¿Ah, con qué escuchando conversaciones ajenas no? - preguntó el profesor mientras seguía caminando en plena calle.
- Lo siento, pero quiero que sepa, que si de ese libro que se encuentra en casa del profesor Cecilio, depende el destino de nuestra facultad, yo estoy dispuesto a ayudarlo con esa traducción.
- ¿Qué estás diciendo? ¿Tú, ayudar con la traducción de una obra completa en latín? Debes estar bromeando.
- Pero profesor De la Puente, usted y la señorita Dominguez, junto con el profesor de Griego III, me nombraron uno de los tres mejores alumnos de toda la carrera de Filología Clásica, que más sabe latín. Usted sabe que yo no soy de alardear sobre mi persona, nunca hago eso, pero esta vez, solamente le recuerdo lo que usted ya sabe.
- Es cierto, eres uno de los tres mejores alumnos que aprobó los cursos de latín I al IV con las más altas notas, al igual que el curso de griego, además, a un año de graduarte, has aprendido mucho, pero considero que eso no es suficiente para traducir el texto de Grumius, puesto que emplea un latín clásico, pero complicado, ya que Grumius muchas veces, jugaba con las palabras. Además, este asunto no es de tu incumbencia, porque ... - en eso, timbró el celular del profesor De la Puente, era una llamada. El profesor sacó el celular del bolsillo de su saco y contestó:

- ¡Aló!
- Hola querido Boby, soy yo, tu engreída.

De la Puente, recordó que tenía que encontrarse con su joven alumna, para pasar una tarde llena de sexo. Por un momento se olvidó de aquella cita y respondió:

- Ahora me encuentro algo ocupado, te llamo más tarde.
- pero querido, me dejarás esperando ¿otra vez?
- por favor, estoy en una reunión, más tarde te llamo. ¡Au revoir!

Dio por finalizada la llamada y apagó el equipo, para volver a la conversación con Jonathan y le dijo:

- Mujeres, nec possum tecum vivere, nec sine te.
- Mmm esa cita pertenece al poeta romano Marcial, en sus "Epigramas" (XII,46) y quiere decir "no puedo vivir contigo, ni sin ti".
- Muy bien Abanto, pero no olvides que fue Ovidio, el precursor de esta cita ¿recuerdas esas palabras?
- Claro, pero la de Ovidio fue "Sic ego, nec sine te nec, tecum vivere possum" y quiere decir "Así, ni sin ti, ni contigo puedo vivir".
- ¡Bene! ¿Y recuerdas en que año vivieron estos poetas romanos?
- Ah claro, si no mal recuerdo y la memoria no me traiciona, Ovidio vivió entre los años 43 a.C al 17 d.C, mientras que Marcial vivió entre los años 40 al 104 d.C. aproximadamente.
- Bien Abanto, veo que has aprendido bien, mi curso y el del profesor Hurtado, han hecho maravillas con tu aprendizaje.

De la Puente, se dio cuenta que Jonathan, quizá podía ayudarlo con la traducción del libro de Grumius, pero faltaba un pequeño detalle, encontrar ese libro y para ello, De la Puente tenía que ir a casa del profesor Cecilio a verse con el mayor domo, quien estaba muy enfermo. Pero dejando ese asunto de lado, consideró la posibilidad que Jonathan le ayude y le dijo:

- Abanto, tengo una pequeña propuesta para ti.
- Dígame profesor, lo escucho.
- Por las palabras del rector, el profesor Cecilio valoraba mucho esa obra y sobre todo las ganas de traducirla y figurar como el primero en hacerlo de todo el mundo. Ante ello, quiero pedirte un favor.
- Dígame.
- Que me ayudes a traducirla.

Jonathan no podía creer lo que acababa de escuchar, se emocionó, pero se mantuvo sereno y dijo:

- Claro, encantado de hacerlo profesor De la Puente, cuente conmigo.
- Pero ojo, traducir ese libro, no será fácil, como bien te dije, se necesita algo más que saber latín clásico.
- Mmm ¿por lo que Grumius aplicaba neologismos latinos?
- Más que eso.
- No entiendo.
- Grumius, antes de ser filósofo, fue un gran jurista en la antigua república de Holanda del siglo XVII, y como todo jurista de notable reconocimiento, usaba muchos términos jurídicos latinos y a veces palabras en griego, por ejemplo, de todas las obras que escribió, la que lo llevó a ser reconocido como uno de los mejores juristas del mundo, tuvo por título "Si vis pacem para bellum" (Si quieres la paz, prepárate para la guerra) está llena de citas jurídicas latinas de Tertuliano, Quintiliano, Hermogenianus, Cicerón, Catón, entre otros.
- Ya veo, pero ¿ese título que le puso a su obra, no fue extraída de una cita de Vegecio?
- ¿Qué quieres decir?
- Que se me hace conocida esa frase, me parece haberla leído en un texto de Flavius Vegecius (Vegecio), que lleva por título "Epitoma rei militaris", en su libro tres, donde dice "Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum" (por tanto, quien quiera paz, que se prepare para la guerra).

De la Puente sintió esa pasión desbordante de su juventud, cuando se fascinó por el estudio de la Filología Clásica. Jonathan, le hizo recordar a su mejor amigo de la juventud. De la puente, hacía mucho tiempo que no veía en alguien la misma pasión por investigar en las lenguas clásicas, los grandes textos del mundo occidental y la riqueza cultural que solo ellas poseían. Vio en Jonathan, a su mejor amigo de la facultad, pero también vio en él, a un discípulo, un amigo y un futuro humanista o clasicista quizá, a lo que dijo:

- ¡No se diga más! Eres el elegido Abanto, doy gracias a los dioses por ello, pero hay un solo problema.
- ¿Cuál profesor?
- Que nosotros solo sabemos y conocemos de lenguas clásicas, mitología latina y griega, escritos filosóficos y literatura greco-romana, pero no sabemos nada de derecho. Si supiéramos derecho, ese texto podría ser traducido rápidamente...si tan solo él estuviera vivo - dijo el profesor De la Puente, con mirada de resignación.

Jonathan se quedó pensando en ello, alzó la mirada y con sus manos se tapó el rostro, a modo de lamento, pero en eso recordó algo, y bajando sus manos, miró al profesor y le dijo:

- Profesor ¡Sé quién puede ayudarnos!
- ¿Quién?
- Tengo un amigo que estudió Derecho en la Universidad Privada José León Barandiarán (UPJLB) y además estudió dos diplomados y cursos de especialización en Filosofía, en la Universidad Jesuita Francisco Javier (UJFJ), donde aprendió latín y griego.
- ¿Así? ¿Cómo se llama tu amigo?
- Su nombre es Efrén Marqués.
- ¿Y fue un buen alumno?
- Claro, por lo que sé, nunca jaló ningún curso en la universidad mientras estudiaba derecho, además, se dedica a la investigación jurídica y a la enseñanza del derecho, bueno de la filosofía y teoría del derecho, ya que no le gusta llevar casos (no litiga) jejeje.
- ¡Vaya! Sí que suena interesante el perfil que me das de tu amigo, pero ¿sabrá latín de verdad?
- Sí sabe, es más, si no me equivoco, este año publicará un libro titulado "Latinismos jurídicos".
- ¿Publicará un libro? Eso no lo hace cualquiera y menos de latín, mmm entonces Abanto ¿crees que tu amigo pueda ayudarnos?
- Por supuesto, él y yo estudiamos juntos el libro del profesor Orberg hace un año y medio, con un profesor de avanzada edad, y aunque al principio parecía fácil, luego nos trajo complicaciones jejeje, pero al final, terminamos el libro y aprobamos con el viejito.
- ¿Viejito? ¿Orberg? ¿No me digas que hablas del profesor Eusebio de la Pucp?
- Sí, el mismo.
- ¡Perfecto Abanto! Entonces, no se diga más e inmediatamente busca a tu amigo o llámalo de mi celular ahora, toma.
- ¡Eh!...bueno, solo hay un problema.
- ¿Cuál?
- No tengo su número.
- ¿Qué? ¿Cómo no vas a tener el número de uno de tu amigo?
- Es que él y yo, no nos vemos hace un año y medio. Luego de estudiar lo de Orberg, él empezó a dedicarse más a sus investigaciones, redacción de artículos y su trabajo, mientras que yo a mi carrera.
- ¿Y cómo sabes que publicará un libro este año, si no se ven hace un año y medio?
- Por el e-mail. Hace cuatro meses me escribió un correo contándome que este año publicaría un libro sobre latinismos jurídicos, y aunque le respondí el correo, no me volvió a escribir.
- Bueno, entonces búscalo hombre ¿qué esperas? Anda a su casa, contáctalo y conversa con él sobre el asunto, pero eso sí, sé muy cauteloso con lo que le digas.
- Descuide profesor, lo seré. Ahora mismo iré a buscar a mi amigo.
- Bien, por mi parte, iré a casa del profesor Cecilio a hablar con su mayor domo. Mañana en la universidad nos encontraremos, mmm ¿te parece bien a las 4 p.m. en el cafetín de la escuela de literatura?
- Perfecto, ahí nos veremos profesor De la Puente.

Ambos se estrecharon las manos, y cada cual partió a su destino.

Jonathan tomó el carro para ir a casa de su amigo Efrén, y mientras viajaba, recordaba la última vez que se vio con él. Muchas cosas pasaron desde entonces. El carro llegó a su destino y Jonathan caminó a casa de Efrén, tocó su puerta y una chica le abrió la puerta. Al verlo, le dijo:

- ¿Sí? ¿A quién busca?

Jonathan notó que la chica era simpática, y le parecía algo conocida, pero se sorprendió más, al ver que salió en toalla, como si estaría a punto de tomarse un baño. Dejando el asombro de lado, le contestó:

- Busco a Efrén ¿se encontrará?
- Eh...sí...¿de parte?
- de Jonathan.
- ¿apellido?
- Abanto.
- un toque, ahora le digo.

La chica se metió y al poco rato, salió y dijo:

- Dice que pases y que lo esperes en su estudio.
- ¿estudio? ... ¡Oh! Esta bien, gracias.

Y cuando entró al estudio de su amigo Efrén, vio que tenía bastantes libros, no solo en estantes, sino también sobre su escritorio, en su mueble, en el piso, prácticamente todo su estudio estaba lleno de libros. Pero también vio tres cuadros, con el retrato de Nietzsche, Virgilio y Spinoza. De pronto, escuchó que la chica se despedía de Efrén y salía de su cuarto. Pasó por el estudio de Efrén, para recoger su cartera y le dijo a Jonathan:

- Te dejo con tu amigo libertino - y se fue.

Jonathan sorprendido por lo que acaba de escuchar, se preguntó: "¿mi amigo libertino?" En eso, vio una pequeña inscripción en una de las paredes que decía "Homo libertinus". Se quedó pensando en eso, cuando escuchó una voz que le dijo:

- ¡Mi viejo amigo!

sábado, 15 de febrero de 2014

Aegrotus

Capitulum Tertium

                                                     "Aegrotus"


Rápidamente, el profesor De la Puente subió al tercer piso para hablar directamente con el rector, mientras Jonathan y Elizabeth subieron tras de él. El profesor De la Puente, tocó la puerta del despacho del rector, y escuchó una voz gruesa que dijo: "Adelante, lo estaba esperando". El profesor De la Puente entró algo airado y observó que el rector estaba parado cerca a la ventana, contemplando el paisaje a lo lejos de la universidad. De la Puente, sin más reparos, dijo:

- Señor Rector ¿es cierto que piensan eliminar el curso de griego y latín?
- En efecto, esos cursos ya no serán útiles o dígame ¿acaso conoce a alguien que aun hable latín o griego en nuestro medio?
- Sabido es, que el uso del latín y griego, no son para hablar, los jóvenes lo emplean en la traducción de textos clásicos.
- Pero eso, no les da plata, no les da dinero. Los jóvenes de hoy, con el avance de la ciencia y tecnología, necesitan carreras que produzcan dinero.
- Estoy de acuerdo con usted, pero para eso, están las otras carreras empresariales, finanzas, derecho, etc.
- Usted no lo entiende profesor De la Puente, nuestra universidad necesita levantarse, necesitarse crecer aun más, en otras palabras, necesita de carreras útiles o de estudiantes brillantes, pero la filosofía, la filología clásica, la literatura y la linguística, no ayudan a ese propósito. La idea es clara, sacar los cursos de latín y griego y al poco tiempo, transformar la facultad de letras y humanidades en una facultad de ciencias empresariales. Por su parte, la filología clásica, no tiene como misión el producir dinero.
- Disculpe, Sr. Rector, pero debo decirle que el conocimiento de la civilización grecolatina a través de sus textos, representa un sólido contrapeso intelectual en el mundo de los avances tecnológicos y científicos, al proporcionar, a nuestra sociedad, un anclaje dinámico dentro de los orígenes de la cultura, que parte desde Europa a otras partes del mundo.
- ¿Y cree que con eso ya me convenció? Está equivocado profesor De la Puente, latín y griego serán eliminados del plan curricular y al poco tiempo, la carrera de filología y la facultad de letras...a menos que...

El rector hizo una pausa y el profesor De la Puente, esperaba ansioso que terminara de decir lo que tenía en mente.

Por su parte, Jonathan y Elizabeth, se habían ingeniado para escuchar toda la conversación entre el rector y el prof. De la Puente, colocándose bajo la escalera que está situada justo al costado de la oficina del rector, la misma que conduce al cuarto piso. Desde ahí, podían escuchar todo, pero Elizabeth tenía miedo que puedan ser pillados. Jonathan se quedó pensando en las palabras del rector, cuando dijo "La filología clásica...no les da plata".

- A menos que...usted vaya a casa del profesor Cecilio y me traiga un libro que ese hombre conserva en algún lugar de su casa.

El profesor De la Puente, se encontró totalmente extrañado por las palabras del rector, pues no entendía nada de lo que escuchó y atónitamente le preguntó:

- Disculpe, Sr. Rector, pero no le entiendo.
- ¿No me entiende? Alguien con su inteligencia, erudición y brillantez...¿no me entiende?
- Le pido que por favor, sea claro.
- Por lo visto, profesor, usted es el único que no sabe la historia. Se lo contaré, por favor, siéntese y escuche.

El profesor De la Puente, tomó asiento y empezó a escuchar, el relato del rector.

"Hace diez años, el profesor Cecilio y yo, viajamos a Holanda, a un congreso de Filología Clásica Jurídica, que duró una semana, pero el último día, uno de los profesores iba a presentar un libro sui generis, una obra en latín que jamás tuvo traducción al castellano, por su contenido "peligroso" para muchos, sobre todo, para la iglesia. La obra era de un jurista y filósofo holandés del siglo XVII, llamado Johann Von Groomer, quien latinizó su nombre a "Grumius", luego de ser excomulgado por la Iglesia católica, al enterarse de su "maléfica" obra. Como dije, esta obra, que lleva por título "Paradisus Phictitium" fue condenada a la lista de los libros prohíbidos de la Iglesia por su contenido herético, pues según el profesor Van Meyer, teólogo y filólogo holandés, dice que en la obra, Grumius explica, o da a entender, que el verdadero causante del mal, no es Satán, sino Jehová. Cecilio se emocionó al oír esto y de inmediato se puso de pie y dijo en plena congreso "Deseo adquirir esa obra ¿cómo hago para tenerla conmigo?" y el profesor Van Meyer le dijo que no estaba en venta, esa obra pertenece al museo bibliotecario de Amsterdam, donde se conservan las obras de los juristas, matemáticos, filósofos, literatos y otros grandes humanistas y hombres de historia que dejaron huella durante su existencia.

El congreso finalizó y con Cecilio, luego de la clausura, nos fuimos a un restaurant que estaba cerca. Entonces me dijo:

- Roberto, ese libro tiene que estar en mis manos, sabes que soy un bibliófilo super adicto a los libros y más, si estos son sui generis. ¿Te imaginas si tan bella obra de arte llega a estar en mi biblioteca? No solo sería la envidia de nuestros colegas, sino también el único en el mundo que posee la única obra de Grumius en su biblioteca. Esa obra debe estar cotizada en millones de euros. Y yo, la quiero.
- ¡Cálmate! Sabes bien que yo también comparto la afición y la colección de libros, pero desde que éramos jóvenes tuvimos un sueño que no hemos podido concretar ¿lo recuerdas?
- ¡Ah sí! La traducción de una obra de Spinoza, su compendio de gramática hebrea, pero piénsalo, ya existe una traducción al castellano de esa obra, lo hizo Guadalupe Gonzáles D. por si no lo recuerdas. Además, como bien sabes, yo siempre busco la exclusividad, quiero ser único, quiero pasar a la historia como el hombre que tradujo una obra del latín al castellano, y Grumius será el elegido.
- ¿Por qué tan seguro de eso? Además, no te dejarán tener acceso al libro, ya escuchaste a Meyer, ese libro no está en venta.
- ¡Tonterías! Ese libro estará en mis manos como sea, recuerda que debemos pasar a la historia, hacer historia.
- Francamente no sé que tienes en mente, pero jajajaja, si logras conseguir que te lo presten o de alguna manera logras adquirirlo, entonces haremos historia.
- Te tomaré la palabra, espero que cuando lo veas en mi biblioteca no te eches para atrás.
- Pero si no lo veo, entonces me echaré para atrás.
- Jajaja, eso no pasará, ese libro estará en mi biblioteca en poco tiempo.
- Te veo muy decidido ¿qué harás para obtenerlo?
- Ya lo verás.

Al poco tiempo, yo tuve que regresar de Holanda a Perú, para dirigir el año universitario en la universidad, pero Cecilio se quedó un tiempo más por allá, y luego de un año regresó a Perú, y me dijo que traía consigo la obra de Grumius en la maleta. Yo no lo podía creer, pero era cierto. Una vez que nos vimos, Cecilio me mostró la obra y me dijo que está cotizada en dos millones de euros, quizá muy poco valor para tamaña obra, pero cuando le pregunté de cómo la había adquirido, me dijo que contactó con un joven de apellido Corso, y este se encargó de conseguírsela. Cecilio tampoco sabe los medios que Corso empleó para conseguir la obra, pero el caso es que cuando se la llevó, Corso le dijo "el fin justifica los medios". A Cecilio no le importó si este tal Corso se la robó o se la compró al dueño del museo bibliotecario de Amsterdam, o quizá la pidió prestado para luego devolvérselo, pero el caso es que ya tenía la obra consigo. Cecilio le pagó una fuerte cantidad de dinero, pero bien valía la pena para lograr su tan anhelado sueño: ser el primer hombre sobre la faz de la tierra, en traducir la obra original de Grumius del latín al castellano.

Cecilio me dijo para ayudarle con la traducción, y yo emocionado, accedí a hacerlo, pero mis obligaciones con la universidad y mis responsabilidades familiares me impidieron que pueda ayudarle. Cecilio se molestó conmigo y me dijo que era un mal amigo, y que lo dejara solo, que él se encargaría de traducir esa obra por su cuenta, pero al poco tiempo, le detectaron un cáncer al estómago y gastó casi toda su fortuna en quimioterapias, pero fue en vano, la enfermedad fue avanzando poco a poco, y Cecilio había traducido durante dos años casi treinta páginas de esa obra que contiene un total de noventa y nueve páginas. Cuando Meyer se enteró que Cecilio tenía la obra consigo, le dijo que una maldición caería sobre él, pues aquel que tenga la obra en su poder, se enfermaría muy grave, pero Cecilio, siempre escéptico, no hizo caso de ello, pero la enfermedad siguió avanzando. Cecilio, tuvo que abandonar la traducción de esa obra, y hace dos años, mi amigo Cecilio, se suicidó.

Sin embargo, dejó una carta, en la cual explicaba los motivos de su suicidio, más que todo por la enfermedad que tenía, y leal a los principios de Séneca, optó por el suicidio para liberar su alma, antes que la enfermedad lo matara. Pero dejó algo más en su carta, un pequeño párrafo donde indica que su mayor domo, quién está muy enfermo, es el único que sabe, donde está escondida la obra de Grumius, porque en su biblioteca, no está".

El profesor De la Puente, quedó muy asombrado por la historia que contó el Sr. Rector, pero quedó más impactado, al saber que una obra de tremendo valor, estaba en casa del profesor Cecilio, y su instinto le decía qué era lo que tenía que hacer, y dijo:

- Bien, pues no se diga más Sr. Rector, si usted desea, yo mismo iré a buscar esa obra a casa del profesor Cecilio y se la traeré. Pero dígame ¿para qué la quiere?
- El día de su entierro, prometí para mis adentros, que yo sería el que decidiera seguir la traducción de esa obra y una vez que la termine, la publicaré en nombre del profesor Cecilio.
- Y eso quiere decir, que si yo le traigo la obra, usted ¿ya no eliminará del plan de estudios, los cursos de latín y griego?
- Eso lo veremos, cuando tenga la obra en mis manos.
- Pero porqué no fue a buscarla por usted mismo hace dos años.
- Por una razón en particular.
- ¿Cuál?
- Su mayor domo, no me puede ver ni en pintura, pues piensa que yo tengo que ver con el suicidio de Cecilio, porque en su carta dice que por mi culpa, sufrió mucho y me considera un amigo traidor, que cuando más me necesitó, no le di la mano.
- ¿Pero no fue así?
- Fueron por mis responsabilidades familiares y labores académicas que no pude hacerlo, pero no, porque no quisiera hacerlo, en cambio, Cecilio era un hombre solitario, nunca se casó, no tuvo hijos, y todo el tiempo solo se la pasaba leyendo e investigando...era como usted profesor De la Puente.
- Entiendo, un solitario como yo.
- Profesor De la Puente, usted si puede ir a casa de Cecilio y buscar ese libro.
- Bien, no se diga más, lo haré, iré por ese libro y cuando se lo traiga, usted júreme que no eliminará los cursos de latín y griego y mucho menos cerrará la facultad de letras y humanidades.
- Está bien profesor, usted gana. Pero ojo, tiene todo este mes para hacerlo, si no me trae ese libro, entonces no habrá trato.

Ambos se estrecharon la mano y el profesor De la Puente, quien había escuchado muy poco sobre la vida del jurista y filósofo Johann Von Groomer, decidió investigar un poco más.

Por su parte, Jonathan y Elizabeth, quienes escondidos bajo la escalera, también habían escuchado toda la historia, se quedaron pensativos. Saliendo de ahí, Jonathan le dijo a Elizabeth que se tenía que ir rápido para su casa, a lo que Elizabeth le dijo que no había problema y que mañana se encontrarían. Se despidieron, pero Jonathan decidió esperar a que el profesor De la Puente, saliera de la universidad para abordarlo y conversar con él. Al poco tiempo, De la Puente salió y Jonathan, le dio el alcance y le dijo:

- Profesor De la Puente ¿me permite un minuto?