sábado, 15 de febrero de 2014

Aegrotus

Capitulum Tertium

                                                     "Aegrotus"


Rápidamente, el profesor De la Puente subió al tercer piso para hablar directamente con el rector, mientras Jonathan y Elizabeth subieron tras de él. El profesor De la Puente, tocó la puerta del despacho del rector, y escuchó una voz gruesa que dijo: "Adelante, lo estaba esperando". El profesor De la Puente entró algo airado y observó que el rector estaba parado cerca a la ventana, contemplando el paisaje a lo lejos de la universidad. De la Puente, sin más reparos, dijo:

- Señor Rector ¿es cierto que piensan eliminar el curso de griego y latín?
- En efecto, esos cursos ya no serán útiles o dígame ¿acaso conoce a alguien que aun hable latín o griego en nuestro medio?
- Sabido es, que el uso del latín y griego, no son para hablar, los jóvenes lo emplean en la traducción de textos clásicos.
- Pero eso, no les da plata, no les da dinero. Los jóvenes de hoy, con el avance de la ciencia y tecnología, necesitan carreras que produzcan dinero.
- Estoy de acuerdo con usted, pero para eso, están las otras carreras empresariales, finanzas, derecho, etc.
- Usted no lo entiende profesor De la Puente, nuestra universidad necesita levantarse, necesitarse crecer aun más, en otras palabras, necesita de carreras útiles o de estudiantes brillantes, pero la filosofía, la filología clásica, la literatura y la linguística, no ayudan a ese propósito. La idea es clara, sacar los cursos de latín y griego y al poco tiempo, transformar la facultad de letras y humanidades en una facultad de ciencias empresariales. Por su parte, la filología clásica, no tiene como misión el producir dinero.
- Disculpe, Sr. Rector, pero debo decirle que el conocimiento de la civilización grecolatina a través de sus textos, representa un sólido contrapeso intelectual en el mundo de los avances tecnológicos y científicos, al proporcionar, a nuestra sociedad, un anclaje dinámico dentro de los orígenes de la cultura, que parte desde Europa a otras partes del mundo.
- ¿Y cree que con eso ya me convenció? Está equivocado profesor De la Puente, latín y griego serán eliminados del plan curricular y al poco tiempo, la carrera de filología y la facultad de letras...a menos que...

El rector hizo una pausa y el profesor De la Puente, esperaba ansioso que terminara de decir lo que tenía en mente.

Por su parte, Jonathan y Elizabeth, se habían ingeniado para escuchar toda la conversación entre el rector y el prof. De la Puente, colocándose bajo la escalera que está situada justo al costado de la oficina del rector, la misma que conduce al cuarto piso. Desde ahí, podían escuchar todo, pero Elizabeth tenía miedo que puedan ser pillados. Jonathan se quedó pensando en las palabras del rector, cuando dijo "La filología clásica...no les da plata".

- A menos que...usted vaya a casa del profesor Cecilio y me traiga un libro que ese hombre conserva en algún lugar de su casa.

El profesor De la Puente, se encontró totalmente extrañado por las palabras del rector, pues no entendía nada de lo que escuchó y atónitamente le preguntó:

- Disculpe, Sr. Rector, pero no le entiendo.
- ¿No me entiende? Alguien con su inteligencia, erudición y brillantez...¿no me entiende?
- Le pido que por favor, sea claro.
- Por lo visto, profesor, usted es el único que no sabe la historia. Se lo contaré, por favor, siéntese y escuche.

El profesor De la Puente, tomó asiento y empezó a escuchar, el relato del rector.

"Hace diez años, el profesor Cecilio y yo, viajamos a Holanda, a un congreso de Filología Clásica Jurídica, que duró una semana, pero el último día, uno de los profesores iba a presentar un libro sui generis, una obra en latín que jamás tuvo traducción al castellano, por su contenido "peligroso" para muchos, sobre todo, para la iglesia. La obra era de un jurista y filósofo holandés del siglo XVII, llamado Johann Von Groomer, quien latinizó su nombre a "Grumius", luego de ser excomulgado por la Iglesia católica, al enterarse de su "maléfica" obra. Como dije, esta obra, que lleva por título "Paradisus Phictitium" fue condenada a la lista de los libros prohíbidos de la Iglesia por su contenido herético, pues según el profesor Van Meyer, teólogo y filólogo holandés, dice que en la obra, Grumius explica, o da a entender, que el verdadero causante del mal, no es Satán, sino Jehová. Cecilio se emocionó al oír esto y de inmediato se puso de pie y dijo en plena congreso "Deseo adquirir esa obra ¿cómo hago para tenerla conmigo?" y el profesor Van Meyer le dijo que no estaba en venta, esa obra pertenece al museo bibliotecario de Amsterdam, donde se conservan las obras de los juristas, matemáticos, filósofos, literatos y otros grandes humanistas y hombres de historia que dejaron huella durante su existencia.

El congreso finalizó y con Cecilio, luego de la clausura, nos fuimos a un restaurant que estaba cerca. Entonces me dijo:

- Roberto, ese libro tiene que estar en mis manos, sabes que soy un bibliófilo super adicto a los libros y más, si estos son sui generis. ¿Te imaginas si tan bella obra de arte llega a estar en mi biblioteca? No solo sería la envidia de nuestros colegas, sino también el único en el mundo que posee la única obra de Grumius en su biblioteca. Esa obra debe estar cotizada en millones de euros. Y yo, la quiero.
- ¡Cálmate! Sabes bien que yo también comparto la afición y la colección de libros, pero desde que éramos jóvenes tuvimos un sueño que no hemos podido concretar ¿lo recuerdas?
- ¡Ah sí! La traducción de una obra de Spinoza, su compendio de gramática hebrea, pero piénsalo, ya existe una traducción al castellano de esa obra, lo hizo Guadalupe Gonzáles D. por si no lo recuerdas. Además, como bien sabes, yo siempre busco la exclusividad, quiero ser único, quiero pasar a la historia como el hombre que tradujo una obra del latín al castellano, y Grumius será el elegido.
- ¿Por qué tan seguro de eso? Además, no te dejarán tener acceso al libro, ya escuchaste a Meyer, ese libro no está en venta.
- ¡Tonterías! Ese libro estará en mis manos como sea, recuerda que debemos pasar a la historia, hacer historia.
- Francamente no sé que tienes en mente, pero jajajaja, si logras conseguir que te lo presten o de alguna manera logras adquirirlo, entonces haremos historia.
- Te tomaré la palabra, espero que cuando lo veas en mi biblioteca no te eches para atrás.
- Pero si no lo veo, entonces me echaré para atrás.
- Jajaja, eso no pasará, ese libro estará en mi biblioteca en poco tiempo.
- Te veo muy decidido ¿qué harás para obtenerlo?
- Ya lo verás.

Al poco tiempo, yo tuve que regresar de Holanda a Perú, para dirigir el año universitario en la universidad, pero Cecilio se quedó un tiempo más por allá, y luego de un año regresó a Perú, y me dijo que traía consigo la obra de Grumius en la maleta. Yo no lo podía creer, pero era cierto. Una vez que nos vimos, Cecilio me mostró la obra y me dijo que está cotizada en dos millones de euros, quizá muy poco valor para tamaña obra, pero cuando le pregunté de cómo la había adquirido, me dijo que contactó con un joven de apellido Corso, y este se encargó de conseguírsela. Cecilio tampoco sabe los medios que Corso empleó para conseguir la obra, pero el caso es que cuando se la llevó, Corso le dijo "el fin justifica los medios". A Cecilio no le importó si este tal Corso se la robó o se la compró al dueño del museo bibliotecario de Amsterdam, o quizá la pidió prestado para luego devolvérselo, pero el caso es que ya tenía la obra consigo. Cecilio le pagó una fuerte cantidad de dinero, pero bien valía la pena para lograr su tan anhelado sueño: ser el primer hombre sobre la faz de la tierra, en traducir la obra original de Grumius del latín al castellano.

Cecilio me dijo para ayudarle con la traducción, y yo emocionado, accedí a hacerlo, pero mis obligaciones con la universidad y mis responsabilidades familiares me impidieron que pueda ayudarle. Cecilio se molestó conmigo y me dijo que era un mal amigo, y que lo dejara solo, que él se encargaría de traducir esa obra por su cuenta, pero al poco tiempo, le detectaron un cáncer al estómago y gastó casi toda su fortuna en quimioterapias, pero fue en vano, la enfermedad fue avanzando poco a poco, y Cecilio había traducido durante dos años casi treinta páginas de esa obra que contiene un total de noventa y nueve páginas. Cuando Meyer se enteró que Cecilio tenía la obra consigo, le dijo que una maldición caería sobre él, pues aquel que tenga la obra en su poder, se enfermaría muy grave, pero Cecilio, siempre escéptico, no hizo caso de ello, pero la enfermedad siguió avanzando. Cecilio, tuvo que abandonar la traducción de esa obra, y hace dos años, mi amigo Cecilio, se suicidó.

Sin embargo, dejó una carta, en la cual explicaba los motivos de su suicidio, más que todo por la enfermedad que tenía, y leal a los principios de Séneca, optó por el suicidio para liberar su alma, antes que la enfermedad lo matara. Pero dejó algo más en su carta, un pequeño párrafo donde indica que su mayor domo, quién está muy enfermo, es el único que sabe, donde está escondida la obra de Grumius, porque en su biblioteca, no está".

El profesor De la Puente, quedó muy asombrado por la historia que contó el Sr. Rector, pero quedó más impactado, al saber que una obra de tremendo valor, estaba en casa del profesor Cecilio, y su instinto le decía qué era lo que tenía que hacer, y dijo:

- Bien, pues no se diga más Sr. Rector, si usted desea, yo mismo iré a buscar esa obra a casa del profesor Cecilio y se la traeré. Pero dígame ¿para qué la quiere?
- El día de su entierro, prometí para mis adentros, que yo sería el que decidiera seguir la traducción de esa obra y una vez que la termine, la publicaré en nombre del profesor Cecilio.
- Y eso quiere decir, que si yo le traigo la obra, usted ¿ya no eliminará del plan de estudios, los cursos de latín y griego?
- Eso lo veremos, cuando tenga la obra en mis manos.
- Pero porqué no fue a buscarla por usted mismo hace dos años.
- Por una razón en particular.
- ¿Cuál?
- Su mayor domo, no me puede ver ni en pintura, pues piensa que yo tengo que ver con el suicidio de Cecilio, porque en su carta dice que por mi culpa, sufrió mucho y me considera un amigo traidor, que cuando más me necesitó, no le di la mano.
- ¿Pero no fue así?
- Fueron por mis responsabilidades familiares y labores académicas que no pude hacerlo, pero no, porque no quisiera hacerlo, en cambio, Cecilio era un hombre solitario, nunca se casó, no tuvo hijos, y todo el tiempo solo se la pasaba leyendo e investigando...era como usted profesor De la Puente.
- Entiendo, un solitario como yo.
- Profesor De la Puente, usted si puede ir a casa de Cecilio y buscar ese libro.
- Bien, no se diga más, lo haré, iré por ese libro y cuando se lo traiga, usted júreme que no eliminará los cursos de latín y griego y mucho menos cerrará la facultad de letras y humanidades.
- Está bien profesor, usted gana. Pero ojo, tiene todo este mes para hacerlo, si no me trae ese libro, entonces no habrá trato.

Ambos se estrecharon la mano y el profesor De la Puente, quien había escuchado muy poco sobre la vida del jurista y filósofo Johann Von Groomer, decidió investigar un poco más.

Por su parte, Jonathan y Elizabeth, quienes escondidos bajo la escalera, también habían escuchado toda la historia, se quedaron pensativos. Saliendo de ahí, Jonathan le dijo a Elizabeth que se tenía que ir rápido para su casa, a lo que Elizabeth le dijo que no había problema y que mañana se encontrarían. Se despidieron, pero Jonathan decidió esperar a que el profesor De la Puente, saliera de la universidad para abordarlo y conversar con él. Al poco tiempo, De la Puente salió y Jonathan, le dio el alcance y le dijo:

- Profesor De la Puente ¿me permite un minuto?




 





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