lunes, 17 de febrero de 2014

Homo Libertinus

Capitulum Quartum

                                                     "Homo Libertinus"


- ¿Un minuto?
- Si, no le quitaré mucho tiempo.
- Ah, tú eres Abanto, mira jovencito, ahora estoy a punto de ver un asunto muy urgente, no tengo tiempo para discutir contigo sobre la eliminación de los cursos de latín y griego.
- No, no estoy aquí por eso, verá, escuché la conversación que usted tuvo con el señor rector, y en verdad, he quedado muy sorprendido por todo lo que le contó. Sé que hice mal, al escuchar una conversación privada, pero necesitaba saber qué pasaría con nuestra facultad y sobre todo con la carrera de Filología Clásica.
- ¿Ah, con qué escuchando conversaciones ajenas no? - preguntó el profesor mientras seguía caminando en plena calle.
- Lo siento, pero quiero que sepa, que si de ese libro que se encuentra en casa del profesor Cecilio, depende el destino de nuestra facultad, yo estoy dispuesto a ayudarlo con esa traducción.
- ¿Qué estás diciendo? ¿Tú, ayudar con la traducción de una obra completa en latín? Debes estar bromeando.
- Pero profesor De la Puente, usted y la señorita Dominguez, junto con el profesor de Griego III, me nombraron uno de los tres mejores alumnos de toda la carrera de Filología Clásica, que más sabe latín. Usted sabe que yo no soy de alardear sobre mi persona, nunca hago eso, pero esta vez, solamente le recuerdo lo que usted ya sabe.
- Es cierto, eres uno de los tres mejores alumnos que aprobó los cursos de latín I al IV con las más altas notas, al igual que el curso de griego, además, a un año de graduarte, has aprendido mucho, pero considero que eso no es suficiente para traducir el texto de Grumius, puesto que emplea un latín clásico, pero complicado, ya que Grumius muchas veces, jugaba con las palabras. Además, este asunto no es de tu incumbencia, porque ... - en eso, timbró el celular del profesor De la Puente, era una llamada. El profesor sacó el celular del bolsillo de su saco y contestó:

- ¡Aló!
- Hola querido Boby, soy yo, tu engreída.

De la Puente, recordó que tenía que encontrarse con su joven alumna, para pasar una tarde llena de sexo. Por un momento se olvidó de aquella cita y respondió:

- Ahora me encuentro algo ocupado, te llamo más tarde.
- pero querido, me dejarás esperando ¿otra vez?
- por favor, estoy en una reunión, más tarde te llamo. ¡Au revoir!

Dio por finalizada la llamada y apagó el equipo, para volver a la conversación con Jonathan y le dijo:

- Mujeres, nec possum tecum vivere, nec sine te.
- Mmm esa cita pertenece al poeta romano Marcial, en sus "Epigramas" (XII,46) y quiere decir "no puedo vivir contigo, ni sin ti".
- Muy bien Abanto, pero no olvides que fue Ovidio, el precursor de esta cita ¿recuerdas esas palabras?
- Claro, pero la de Ovidio fue "Sic ego, nec sine te nec, tecum vivere possum" y quiere decir "Así, ni sin ti, ni contigo puedo vivir".
- ¡Bene! ¿Y recuerdas en que año vivieron estos poetas romanos?
- Ah claro, si no mal recuerdo y la memoria no me traiciona, Ovidio vivió entre los años 43 a.C al 17 d.C, mientras que Marcial vivió entre los años 40 al 104 d.C. aproximadamente.
- Bien Abanto, veo que has aprendido bien, mi curso y el del profesor Hurtado, han hecho maravillas con tu aprendizaje.

De la Puente, se dio cuenta que Jonathan, quizá podía ayudarlo con la traducción del libro de Grumius, pero faltaba un pequeño detalle, encontrar ese libro y para ello, De la Puente tenía que ir a casa del profesor Cecilio a verse con el mayor domo, quien estaba muy enfermo. Pero dejando ese asunto de lado, consideró la posibilidad que Jonathan le ayude y le dijo:

- Abanto, tengo una pequeña propuesta para ti.
- Dígame profesor, lo escucho.
- Por las palabras del rector, el profesor Cecilio valoraba mucho esa obra y sobre todo las ganas de traducirla y figurar como el primero en hacerlo de todo el mundo. Ante ello, quiero pedirte un favor.
- Dígame.
- Que me ayudes a traducirla.

Jonathan no podía creer lo que acababa de escuchar, se emocionó, pero se mantuvo sereno y dijo:

- Claro, encantado de hacerlo profesor De la Puente, cuente conmigo.
- Pero ojo, traducir ese libro, no será fácil, como bien te dije, se necesita algo más que saber latín clásico.
- Mmm ¿por lo que Grumius aplicaba neologismos latinos?
- Más que eso.
- No entiendo.
- Grumius, antes de ser filósofo, fue un gran jurista en la antigua república de Holanda del siglo XVII, y como todo jurista de notable reconocimiento, usaba muchos términos jurídicos latinos y a veces palabras en griego, por ejemplo, de todas las obras que escribió, la que lo llevó a ser reconocido como uno de los mejores juristas del mundo, tuvo por título "Si vis pacem para bellum" (Si quieres la paz, prepárate para la guerra) está llena de citas jurídicas latinas de Tertuliano, Quintiliano, Hermogenianus, Cicerón, Catón, entre otros.
- Ya veo, pero ¿ese título que le puso a su obra, no fue extraída de una cita de Vegecio?
- ¿Qué quieres decir?
- Que se me hace conocida esa frase, me parece haberla leído en un texto de Flavius Vegecius (Vegecio), que lleva por título "Epitoma rei militaris", en su libro tres, donde dice "Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum" (por tanto, quien quiera paz, que se prepare para la guerra).

De la Puente sintió esa pasión desbordante de su juventud, cuando se fascinó por el estudio de la Filología Clásica. Jonathan, le hizo recordar a su mejor amigo de la juventud. De la puente, hacía mucho tiempo que no veía en alguien la misma pasión por investigar en las lenguas clásicas, los grandes textos del mundo occidental y la riqueza cultural que solo ellas poseían. Vio en Jonathan, a su mejor amigo de la facultad, pero también vio en él, a un discípulo, un amigo y un futuro humanista o clasicista quizá, a lo que dijo:

- ¡No se diga más! Eres el elegido Abanto, doy gracias a los dioses por ello, pero hay un solo problema.
- ¿Cuál profesor?
- Que nosotros solo sabemos y conocemos de lenguas clásicas, mitología latina y griega, escritos filosóficos y literatura greco-romana, pero no sabemos nada de derecho. Si supiéramos derecho, ese texto podría ser traducido rápidamente...si tan solo él estuviera vivo - dijo el profesor De la Puente, con mirada de resignación.

Jonathan se quedó pensando en ello, alzó la mirada y con sus manos se tapó el rostro, a modo de lamento, pero en eso recordó algo, y bajando sus manos, miró al profesor y le dijo:

- Profesor ¡Sé quién puede ayudarnos!
- ¿Quién?
- Tengo un amigo que estudió Derecho en la Universidad Privada José León Barandiarán (UPJLB) y además estudió dos diplomados y cursos de especialización en Filosofía, en la Universidad Jesuita Francisco Javier (UJFJ), donde aprendió latín y griego.
- ¿Así? ¿Cómo se llama tu amigo?
- Su nombre es Efrén Marqués.
- ¿Y fue un buen alumno?
- Claro, por lo que sé, nunca jaló ningún curso en la universidad mientras estudiaba derecho, además, se dedica a la investigación jurídica y a la enseñanza del derecho, bueno de la filosofía y teoría del derecho, ya que no le gusta llevar casos (no litiga) jejeje.
- ¡Vaya! Sí que suena interesante el perfil que me das de tu amigo, pero ¿sabrá latín de verdad?
- Sí sabe, es más, si no me equivoco, este año publicará un libro titulado "Latinismos jurídicos".
- ¿Publicará un libro? Eso no lo hace cualquiera y menos de latín, mmm entonces Abanto ¿crees que tu amigo pueda ayudarnos?
- Por supuesto, él y yo estudiamos juntos el libro del profesor Orberg hace un año y medio, con un profesor de avanzada edad, y aunque al principio parecía fácil, luego nos trajo complicaciones jejeje, pero al final, terminamos el libro y aprobamos con el viejito.
- ¿Viejito? ¿Orberg? ¿No me digas que hablas del profesor Eusebio de la Pucp?
- Sí, el mismo.
- ¡Perfecto Abanto! Entonces, no se diga más e inmediatamente busca a tu amigo o llámalo de mi celular ahora, toma.
- ¡Eh!...bueno, solo hay un problema.
- ¿Cuál?
- No tengo su número.
- ¿Qué? ¿Cómo no vas a tener el número de uno de tu amigo?
- Es que él y yo, no nos vemos hace un año y medio. Luego de estudiar lo de Orberg, él empezó a dedicarse más a sus investigaciones, redacción de artículos y su trabajo, mientras que yo a mi carrera.
- ¿Y cómo sabes que publicará un libro este año, si no se ven hace un año y medio?
- Por el e-mail. Hace cuatro meses me escribió un correo contándome que este año publicaría un libro sobre latinismos jurídicos, y aunque le respondí el correo, no me volvió a escribir.
- Bueno, entonces búscalo hombre ¿qué esperas? Anda a su casa, contáctalo y conversa con él sobre el asunto, pero eso sí, sé muy cauteloso con lo que le digas.
- Descuide profesor, lo seré. Ahora mismo iré a buscar a mi amigo.
- Bien, por mi parte, iré a casa del profesor Cecilio a hablar con su mayor domo. Mañana en la universidad nos encontraremos, mmm ¿te parece bien a las 4 p.m. en el cafetín de la escuela de literatura?
- Perfecto, ahí nos veremos profesor De la Puente.

Ambos se estrecharon las manos, y cada cual partió a su destino.

Jonathan tomó el carro para ir a casa de su amigo Efrén, y mientras viajaba, recordaba la última vez que se vio con él. Muchas cosas pasaron desde entonces. El carro llegó a su destino y Jonathan caminó a casa de Efrén, tocó su puerta y una chica le abrió la puerta. Al verlo, le dijo:

- ¿Sí? ¿A quién busca?

Jonathan notó que la chica era simpática, y le parecía algo conocida, pero se sorprendió más, al ver que salió en toalla, como si estaría a punto de tomarse un baño. Dejando el asombro de lado, le contestó:

- Busco a Efrén ¿se encontrará?
- Eh...sí...¿de parte?
- de Jonathan.
- ¿apellido?
- Abanto.
- un toque, ahora le digo.

La chica se metió y al poco rato, salió y dijo:

- Dice que pases y que lo esperes en su estudio.
- ¿estudio? ... ¡Oh! Esta bien, gracias.

Y cuando entró al estudio de su amigo Efrén, vio que tenía bastantes libros, no solo en estantes, sino también sobre su escritorio, en su mueble, en el piso, prácticamente todo su estudio estaba lleno de libros. Pero también vio tres cuadros, con el retrato de Nietzsche, Virgilio y Spinoza. De pronto, escuchó que la chica se despedía de Efrén y salía de su cuarto. Pasó por el estudio de Efrén, para recoger su cartera y le dijo a Jonathan:

- Te dejo con tu amigo libertino - y se fue.

Jonathan sorprendido por lo que acaba de escuchar, se preguntó: "¿mi amigo libertino?" En eso, vio una pequeña inscripción en una de las paredes que decía "Homo libertinus". Se quedó pensando en eso, cuando escuchó una voz que le dijo:

- ¡Mi viejo amigo!

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